Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 9-14
«Todo el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado».
Categoría: Espiritualidad
24 HORAS PARA EL SEÑOR
Como preparación a la Pascua de Resurrección, la Iglesia Católica propone la celebración de la iniciativa “24 horas para el Señor”, una invitación concreta a que los fieles adoren al Santísimo y se acerquen al sacramento de la Reconciliación.
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Amar a Dios y amar al hermano es una sola realidad. Esa es la grandeza del Reino: el amor a uno mismo deja de ser egoísmo y se convierte en medida y camino para amar al único Dios y a todos los hermanos.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34
«Tú no estás lejos del Reino de Dios».
LA ORACIÓN DEL CUERPO
La Cuaresma es el tiempo en que la Iglesia, con maternal solicitud, nos invita a volver a situar el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas, para que nuestra fe recupere fuerza y nuestro corazón no se pierda en las preocupaciones y distracciones de la vida cotidiana. «Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar», Él rezó por nosotros incluso con su propio cuerpo.
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
“El que no está conmigo, está contra mí”. No es una frase para excluir, sino para decidir. El mal se reconoce por la división; el Reino, por la comunión.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 14-23
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesús no anula los mandamientos; los lleva a su raíz. No propone menos, sino más. No pide solo cumplir, sino vivir.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.»
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Para nosotros, perdonar tiene límites. Para Dios, no. Su amor no calcula. Su misericordia no se cansa.

