LA ORACIÓN DEL CUERPO

Fuente: Vatican News

La Cuaresma es el tiempo en que la Iglesia, con maternal solicitud, nos invita a volver a situar el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas, para que nuestra fe recupere fuerza y ​​nuestro corazón no se pierda en las preocupaciones y distracciones de la vida cotidiana. «Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar», Él rezó por nosotros incluso con su propio cuerpo.

“Nos sentimos invitados a hacernos discípulos de Jesús sufriente. Él rezó por nosotros incluso con su propio cuerpo, sometiéndolo a sufrimientos indecibles, adhiriéndose así al designio del Padre. Hizo don de Sí mismo al Padre y a los hombres, manifestándonos a todos la insondable miseria humana y la extraordinaria posibilidad de renovación y de salvación, que en Él se nos ha dado. A ejemplo de Jesús, también nosotros hemos de rezar con nuestro cuerpo. Esas opciones nuestras que implican comportamientos comprometidos y difíciles ―como la castidad según el estado de vida, el servicio de asistencia a los hermanos, y cualquier otra actividad físicamente fatigosa―, se convierten en oración y sacrificio que ofrecer a Dios en unión redentora con los «sufrimientos de Cristo» (Col 1, 24). Acojamos, pues, la «flagelación» que nos hace experimentar cada día la sobriedad personal y el ejercicio de la caridad cristiana. Ella es fruto y don del misterio doloroso de Jesús, que nos estimula, nos compromete, nos transforma interiormente.”

(San Juan Pablo II – Ángelus – 19 de febrero de 1989)

¡BIENVENIDO!

NOTICIAS DEL PAPA LEÓN


AGENDA

DÍAS Y HORARIOS

Secretaría:
Miércoles y Viernes: 15:30 a 18:00 hs
Cáritas:
Martes y viernes de 15:00 a 17:30 hs
Misas en la Parroquia:
Miércoles a Sábados: 18.30 hs
Domingos: 10 hs

I SÍNODO ARQUIDIOCESANO – DOCUMENTO FINAL

3 MINUTOS DE RETIRO

INTENCIONES DEL PAPA

Hay heridas que muchas veces permanecen invisibles y que se viven en la más profunda soledad. Quienes atraviesan una enfermedad mental suelen enfrentar, además del propio sufrimiento, el peso del estigma y la indiferencia de quienes miran hacia otro lado. Frente a esta realidad, la Iglesia está llamada a ser casa abierta, comunidad que escucha sin juzgar y que acompaña.