Estar con Jesús implica tomar partido. “El que no está conmigo, está contra mí”. No es una frase para excluir, sino para decidir. El mal se reconoce por la división; el Reino, por la comunión. Allí donde se construye unidad, justicia y paz, el Reino ya está actuando.
Como discípulos, estamos llamados a continuar esa lucha: expulsar todo lo que se opone a la vida, enfrentar la opresión, sanar las divisiones, abrir espacios de reconciliación. No lo hacemos solos. Caminamos con el “más fuerte”.
Y donde el amor vence al odio, donde la verdad vence a la mentira, donde la justicia vence a la violencia, allí el Reino de Dios ya está entre nosotros.

