ORANDO CON LA PALABRA

Lo trágico de la parábola no es la deuda, sino la incoherencia del que, habiendo sido perdonado de tanto, no es capaz de perdonar lo poco. Ahí se revela la dureza del corazón. Recibir la misericordia y no compartirla es cerrar la puerta al mismo don que nos salvó.

Esto supera nuestra lógica. Para nosotros, perdonar tiene límites. Para Dios, no. Su amor no calcula. Su misericordia no se cansa. Y justamente esa desmesura es la que debe transformar nuestras relaciones.

La misericordia no es un sentimiento pasajero, sino el estilo de Dios.

El Reino no funciona con categorías de revancha ni de equilibrio de cuentas. Se realiza donde hay amor gratuito, donde alguien decide cortar la cadena del rencor. Perdonar implica riesgo. Implica vulnerabilidad. Implica morir al orgullo. Pero es el único camino para que nazca algo nuevo.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.