La pregunta que deja este Evangelio es profundamente personal: ¿el paso de Cristo por mi vida me ha cambiado realmente o simplemente me he acostumbrado a su presencia? El Reino de Dios no vino para hacernos personas religiosamente correctas, sino hombres y mujeres nuevos. Solo cuando dejamos que el Evangelio cuestione nuestras seguridades y transforme nuestro corazón, la fe deja de ser una costumbre para convertirse en una verdadera experiencia de salvación.
ORANDO CON LA PALABRA



