SANTA MARÍA MAGDALENA

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La tradición nos cuenta que junto con la Virgen María y el Apóstol Juan, ella fue a evangelizar en Efeso. Otra historia, que es muy común en Occidente, dice que ella viajó a Provenza, en Francia, junto a sus hermanos Marta y Lázaro y otros tantos discípulos para evangelizar Gaul. En este lugar pasó 30 años de su vida en la caverna de La Saint-Baume , en los Alpes Marítimos. Fue milagrosamente transportada, poco antes de su muerte, para la Capilla de Saint-Maximin, donde recibió los últimos sacramentos de la Santa Iglesia. Ella fue enterrada en Aix. En Vazelay, en Francia, todos afirman que sus reliquias se encuentran allí desde el siglo XI.

En Occidente, el culto a Santa María Magdalena se propagó a partir del Siglo XII. En el arte litúrgico de la Iglesia ella es representada con largos cabellos, sosteniendo una jarra propia para guardar óleos perfumados. Su fiesta es celebrada el día 22 de julio. Cuando rezamos la letanía de Todos los Santos encontramos el nombre de Santa María Magdalena como la primera de las invocaciones de las Santas Vírgenes.

Esto no es motivo de espanto para quien sabe que a Dios nada le es imposible. Es la belleza de la contrición y del perdón. Aquél que es capaz de “transformar las piedras brutas en Hijos de Abraham”, puede perfectamente devolver la integridad a una pecadora. Y esto, especialmente si ella se arrepintió mucho, admiró mucho, amó mucho. Como fue su caso.

Santa Maria Magdalena, Virgen, ¡ruega por nosotros!

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La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.