Una infancia difícil

Pedro Damián nació en Ravena, el último hijo de una pobre y numerosa familia. Habiendo perdido a sus padres cuando era muy niño, quedó al cuidado de un hermano suyo, quien le trató como si fuera un esclavo enviándolo a cuidar de los cerdos que tenían, en cuanto pudo aprender a caminar.  Otro de sus hermanos, que era arcipreste de Ravena, se compadeció de él y decidió encargarse de su educación. Viéndose tratado por primera vez como un hijo, Pedro tomó de su hermano el nombre de Damián.

En la escuela de la generosidad

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“Quien hace las cosas de Cristo, debe vivir con Cristo siempre”. Esto repetía frecuentemente fray Juan da Fiesole, cuyo nombre como laico era Guido di Pietro, pero hoy es más conocido como el Beato Angélico. Una convicción del pintor era que toda acción humana debía estar orientada a Dios. También el arte de la pintura, que era el abundante carisma del cual gozaba, fue entendido por él como una expresión de la experiencia contemplativa, instrumento de alabanza y de elevación del corazón y de la mente a las realidades evangélicas. Nació en Vicchio del Mugello en Toscana a finales del siglo XIV, desde joven mostró una especial predisposición para el dibujo y la miniatura. Insistente se hizo en el ánimo del joven ese anhelo por lo bello, que en un primer momento lo había llevado a seguir su innato talento artístico, y que con el pasar de los años lo llevó a percibir una clara llamada a consagrar su vida a Dios mismo, a aquel que es la Belleza suma.

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Retiro de la ciudad

Siglo XIII, Florencia. Siete mercaderes, miembros de una compañía laica de fieles devotos de la Bienaventurada Virgen, (la “Compañía de los Siervos de Santa María” o “Laudesi”) deciden retirarse en penitencia, contemplación, y en el servicio a María. Una elección ciertamente influenciada por dos grandes órdenes mendicantes de la época, franciscanos y dominicos, así como por la experiencia de los monjes Camaldulenses, Valumbrosanos y Cluniacenses, ya presentes en esas tierras, y por grupos de penitencia, como los de San Agustín y del Monte Carmelo, o el de los hermanos y hermanas laicos de la Penitencia. Eran Bonfiglio, líder del grupo laico y prior de la futura comunidad, Bonagiunta, futuro prior entre 1256 y 1257, Manetto, artífice de las primeras fundaciones en Francia, Amadio, alma del grupo, Sostegno y Uguccione, amigos entre sí, y finalmente, Alessio.
En torno al 1233 los siete abandonan sus actividades comerciales, dejan sus propias casas y distribuyen los bienes a los pobres, mientras Florencia se estremece cada vez más por las guerras fratricidas.

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«Os he recomendado la pobreza, la caridad, la humildad para que, a través de estas tres virtudes, alcancéis verdaderas riquezas, placeres y honores con la ayuda de Aquel que es un fuerte apoyo, nuestro Señor Jesucristo.» (Carta a la Beata Diana del Andalò)
«Vivir honestamente, amar, enseñar»: así resumía fray Jordán su regla de vida, que se convertiría en la de los dominicos, en el surco trazado por el Fundador, que quería que sus frailes «se empeñaran en la oración, la enseñanza y la predicación».

La llamada a la predicación

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SANTA MISA Y CANONIZACIÓN
DE LA BEATA MARÍA ANTONIA DE SAN JOSÉ DE PAZ Y FIGUEROA
11/2/2024

Homilía del Papa Francisco

La primera lectura (cf. Lv 13,1-2.44-46) y el Evangelio (cf. Mc 1,40-45) hablan de la lepra: una enfermedad que conlleva la progresiva destrucción física de la persona y a la que, en algunos lugares, lamentablemente, con frecuencia se asocian todavía actitudes de marginación. Lepra y marginación son dos males de los que Jesús quiere liberar al hombre que encuentra en el Evangelio. Veamos su situación.

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