Los Padres de la Iglesia y el nuevo catecismo y el domingo del buen pastor.

Yo soy el Buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mí. Es como si dijese con toda caridad: “Los que me aman, me obedecen”. Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce».  San Gregorio Magno.

«Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: “Yo conozco a Dios”, y no guarda sus mandamientos, miente». San Gregorio Magno.

«El distintivo de la oveja de Cristo es su capacidad de escuchar, de obedecer, mientras que las ovejas extrañas se distinguen por su indocilidad. Comprendemos el verbo “escuchar” en el sentido de consentir a lo que se le ha dicho. Y las que lo escuchan las reconoce Dios, porque “ser conocido” significa estar unido a Él».San Cirilo de Alejandría
«Cuando Cristo dice: “Yo conozco mis ovejas”, quiere decir: “Yo las acogeré y las uniré a mí de una forma mística y permanente”. Se puede decir que al hacerse hombre, Cristo se ha emparentado con todos los hombres, tomando su misma naturaleza. Todos estamos unidos a Cristo a causa de su encarnación. Pero aquellos que no guardan su parecido con la santidad de Cristo, se le han hecho extraños». San Cirilo de Alejandría

«“Mis ovejas me siguen”, dice Cristo. En efecto, por la gracia divina, los creyentes siguen los pasos de Cristo. No obedecen a los preceptos de la Ley antigua que no era más que figura, sino que siguen por la gracia los preceptos de Cristo. Llegarán a las cumbres, conforme a la vocación de hijos de Dios. Cuando Cristo sube al cielo, ellos le seguirán». San Cirilo de Alejandría

CATECISMO DE LA IGLESIA

Cristo sigue apacentando a su pueblo por medio de pastores humanos
754: La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (ver Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como Él mismo anunció (ver Is 40, 11; Ez 34, 11-31). Aunque son pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (ver Jn 10, 11; 1 Pe 5, 4), que dio su vida por las ovejas» (ver Jn 10, 11-15).

1465: Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al Hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador.

2686: Los ministros ordenados son también responsables de la formación en la oración de sus hermanos y hermanas en Cristo. Servidores del buen Pastor, han sido ordenados para guiar al pueblo de Dios a las fuentes vivas de la oración: la Palabra de Dios, la liturgia, la vida teologal, el hoy de Dios en las situaciones concretas.

«El que a vosotros escucha a mí me escucha» (Lc 10, 16)
85: «El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo», es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

86: «El Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido, pues por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente; y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser creído».

87: Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a vosotros escucha a mí me escucha» (Lc 10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.

862: «Así como permanece el ministerio confiado personalmente por el Señor a Pedro, ministerio que debía ser transmitido a sus sucesores, de la misma manera permanece el ministerio de los apóstoles de apacentar la Iglesia, que debe ser ejercido perennemente por el orden sagrado de los obispos». Por eso, la Iglesia enseña que «por institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió» (LG 20).

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