La reflexión del obispo Eduardo García.
El grano necesita tiempo para convertirse en árbol y la levadura necesita permanecer escondida para fermentar la masa. El Reino no se impone: germina. No avasalla: transforma desde dentro. Por eso, la ansiedad por obtener resultados rápidos puede hacernos perder la capacidad de descubrir cómo Dios está actuando silenciosamente en la historia.
Jesús mismo vivió esta lógica. Su vida terminó aparentemente en el fracaso de la cruz y su cuerpo fue depositado en un sepulcro. Sin embargo, precisamente desde allí brotó la vida. En la lógica de Dios, lo pequeño puede hacerse inmenso y aquello que parece derrotado puede convertirse en comienzo de algo nuevo.
También nosotros podemos sentir que el Reino avanza demasiado lentamente. Continúan la violencia, la pobreza, la exclusión y tantas formas de sufrimiento. Frente a ellas podemos caer en el desaliento o pensar que necesitamos ser más poderosos para transformar la realidad.


