La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesús devuelve la ley a su verdadero sentido. Recuerda a David, que ante el hambre de sus compañeros tomó los panes sagrados. Para Dios, la vida concreta de sus hijos nunca es un detalle secundario.
Por eso Jesús se proclama «Señor del sábado». No viene simplemente a reemplazar unas normas por otras, sino a mostrarnos el corazón de Dios. Toda ley, toda práctica religiosa y toda institución deben estar al servicio de la vida, de la dignidad y de la libertad de las personas.
También nosotros podemos discutir sobre normas mientras alguien tiene hambre; defender principios sin mirar sufrimientos concretos; preocuparnos por cumplir correctamente y pasar de largo ante quien necesita misericordia.
Una religión que ve la norma pero no ve el hambre ha perdido la mirada de Jesús.



