La reflexión del obispo Eduardo García.
Podemos confundir fidelidad con repetir siempre lo mismo, proteger estructuras, conservar costumbres o aferrarnos a maneras de hacer que alguna vez dieron fruto. Pero una Iglesia que solamente conserva puede terminar enterrando el Evangelio que recibió para anunciar.
La tradición no es una reliquia que debemos enterrar para que no se pierda; es una semilla que debemos sembrar para que siga dando vida.
El tercer servidor explica que actuó por miedo. Y quizás allí esté el verdadero problema. El miedo paraliza, nos hace buscar seguridades y nos convence de que es mejor no arriesgar. Pero el Reino siempre supone riesgo: salir, intentar, crear, equivocarnos, comenzar nuevamente. Quien por miedo a equivocarse nunca intenta nada termina enterrando aquello mismo que Dios le confió.



