La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesucristo presenta un Dios que actúa de manera impredecible. El Dios de la verdad y la justicia acoge a pecadores, abre su Iglesia a extranjeros, y muestra la misma misericordia tanto a los recién convertidos como a los fieles de toda la vida. La justicia divina, abrumada por el amor, va más allá de nuestros paradigmas. Sin la gracia, no tendríamos esperanza de redención, ya que no merecemos en estricta justicia.
En nuestro camino hacia el Reino, debemos reconocer que todo es gracia. A menudo, los discípulos pensaban en términos de recompensas por sus sacrificios, pero no entendieron que el Reino de Dios y su justicia no operan según las normas legales humanas. A veces, queremos ser dueños de la cosecha, excluyendo a otros por considerar que no están listos o llegaron tarde. Sin embargo, el evangelio exige un cambio de mentalidad: todos tienen derecho a participar en la obra del Reino, otorgado por Dios y no por generosidad propia.



