La semilla es el Evangelio. No es simplemente una doctrina, una moral o un conjunto de normas. Es la Buena Noticia de Jesucristo, la fuerza salvadora de Dios sembrada en el corazón del mundo para transformarlo desde dentro. Allí donde es acogida hace crecer la verdad, la justicia, el perdón, la fraternidad y la esperanza. Su fuerza es silenciosa, pero profundamente transformadora.
Esa es también la misión de la Iglesia. Evangelizar no consiste solo en transmitir contenidos religiosos, sino en sembrar el Evangelio en todas las realidades humanas para que fermente la cultura, ilumine las conciencias y humanice nuestras familias, el trabajo, la economía, la política y toda la vida social. Allí donde el Evangelio es vivido, el Reino de Dios comienza a hacerse presente.


