El Evangelio nos invita a revisar nuestra manera de escuchar. Los fariseos oían las palabras de Jesús, pero no lo escuchaban realmente. Quien escucha solo para confirmar sus propias ideas termina siendo incapaz de reconocer la verdad cuando se presenta delante de él. Escuchar con humildad es también una forma de conversión.
La Iglesia está llamada a ser una comunidad que da voz a quienes no la tienen: los pobres, los descartados, los migrantes, los ancianos olvidados, los niños vulnerados y tantos hombres y mujeres cuya dignidad ha sido silenciada. Allí donde una persona recupera su palabra, recupera también parte de su dignidad.


