También hoy, en medio de un mundo herido por la violencia, la indiferencia y la falta de sentido, la oración de Jesús sigue resonando con fuerza profética. Cristo continúa intercediendo por nosotros para que no perdamos la fe, para que vivamos unidos y para que el Evangelio siga siendo luz en medio de las oscuridades de nuestro tiempo.
Unidos a Jesús participamos de su misma comunión con el Padre. Su gloria se hace visible cada vez que construimos un mundo más humano, más justo, fraterno y solidario. Allí donde un discípulo ama, sirve, perdona, acompaña y entrega la vida, el Reino de Dios comienza a hacerse presente y la gloria de Cristo sigue iluminando la historia.

