Corremos el riesgo de convertirnos en ramas llenas de hojas: mucha apariencia religiosa, muchas palabras, pero poca savia del Evangelio corriendo por dentro. Jesús no busca discípulos de fachada, sino discípulos unidos vitalmente a Él, capaces de dar frutos de justicia, misericordia, fraternidad y esperanza.
En la medida en que permanecemos unidos a Jesús, nuestros frutos son los suyos. Entonces ya no circula solamente nuestra pobre vida, sino la vida misma del Maestro. Y el mundo, aun en medio de tanta oscuridad, puede volver a descubrir que Dios sigue dando vida.

