La Eucaristía no es un refugio para escapar de la realidad. Es una fuerza que nos transforma. Nos mete en el estilo de Jesús: una vida entregada, disponible, abierta a Dios y a los hermanos.
Comulgar es decirle “sí” a ese camino.
Es dejar que el Espíritu nos cambie por dentro.
Es animarnos a vivir de otra manera.
Porque creer en Jesús no es sólo aceptarlo: es seguirlo, aunque cueste… y quedarse, incluso cuando no todo se entiende.

