LOS PAPAS Y LA PALABRA

León XIV – Audiencia general, 22 de noviembre de 2025

«A quien mucho se le ha dado, mucho se le pedirá; a quien mucho se le ha confiado, mucho más se le pedirá». Jesús dice esto a sus discípulos más cercanos, a quienes estuvieron con Él durante más tiempo. Y nosotros también hemos recibido mucho del camino recorrido hasta ahora; hemos estado con Jesús y con la Iglesia, y aunque la Iglesia es una comunidad con limitaciones humanas, hemos recibido muchísimo. Por eso, Jesús espera mucho de nosotros. Es una señal de confianza, de amistad. Espera mucho porque nos conoce y sabe que podemos.

Jesús vino a traer fuego: el fuego del amor de Dios en la tierra y el fuego del deseo en nuestros corazones. En cierto modo, Jesús nos quita la paz si pensamos en la paz como una calma inerte. Sin embargo, esta no es la verdadera paz. A veces deseamos que nos «dejen en paz»: que nadie nos moleste, que los demás dejen de existir. Esa no es la paz de Dios. La paz que Jesús trae es como un fuego y nos exige mucho. Sobre todo, nos pide que tomemos una postura firme. Ante la injusticia, la desigualdad, donde se pisotea la dignidad humana, donde los vulnerables son privados de la voz: alzad la voz. Tener esperanza es alzar la voz. Tener esperanza es comprender en el corazón y demostrar con hechos que las cosas no deben seguir como antes. Este es también el buen fuego del Evangelio.

Fuente: Vatican News

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Hay heridas que muchas veces permanecen invisibles y que se viven en la más profunda soledad. Quienes atraviesan una enfermedad mental suelen enfrentar, además del propio sufrimiento, el peso del estigma y la indiferencia de quienes miran hacia otro lado. Frente a esta realidad, la Iglesia está llamada a ser casa abierta, comunidad que escucha sin juzgar y que acompaña.