Izq. Foto: Alexey Gotovskiy (ACI Prensa)El 27 de diciembre pasado, el Papa Francisco, celebró el Jubileo de las Familias.

Como mojones que irán marcando todo este año jubilar de la Misericordia, el Papa nos invita a celebrar junto con él distintas realidades. Así, ese día, cuando toda la Iglesia festejaba el día de la Sagrada Familia, el Papa recordó la misericordia que Dios derrama sobre las familias del mundo.

Al domingo siguiente, el P. Luis, en la parroquia, como un eco de lo celebrado por Francisco, realizó una bendición a las familias que hoy publicamos (ante el reclamo de los que nos dijeron que les gustaría tenerla).

Bendición a las familias – 3/1/16

Para las familias de Chivilcoy que peregrinan a San Cayetano.
Para las familias que participan de la vida de la comunidad.
Para las familias que viven en la jurisdicción de la comunidad.
Para los que viven solos por elección u ocasión teniendo presente los vínculos que los unen con el resto de la comunidad.

Una oración que abraza
perdona las fallas,
sana y consuela las heridas,
busca reconciliar los desencuentros,
acompaña soledades,
disipa y libera miedos,
fortalece los afectos,
invita al respeto y al diálogo,
estimula la comprensión y la valoración.

Una bendición que anuncia la venida gozosa de Jesús: Dios con nosotros,
que desde la fe en la gloria eterna de Dios trae paz a los hombres, a las familias,
que nos devuelve la fe en la unidad y la comunicación afectiva como único camino de felicidad familiar,
que nos saca del letargo y del encierro y nos convierte en familias misioneras,
que nos desacomoda del aislamiento y el individualismo y nos convoca a la comunidad,
que nos saca de la indiferencia y nos llama a la participación en el bien común de la sociedad toda.
Y especialmente, una bendición que nos recuerda que somos caminantes,
que Jesús es el camino,
que la plenitud del amor de Dios es nuestra meta,
y que nos da fuerzas para caminar en el inicio de un nuevo año.

Dice Francisco invitándonos a un gesto de bendición familiar todos los días:
“qué importante es para nuestras familias peregrinar juntos, caminar juntos para alcanzar una misma meta. Sabemos que tenemos un itinerario común que recorrer; un camino donde nos encontramos con dificultades, pero también con momentos de alegría y de consuelo. En esta peregrinación de la vida compartimos también el tiempo de oración. ¿Qué puede ser más bello para un padre y una madre que bendecir a sus hijos al comienzo de la jornada y cuando concluye? Hacer en su frente la señal de la cruz como el día del Bautismo. ¿No es esta la oración más sencilla de los padres para con sus hijos?”.

ANUNCIO REDENTOR

El mal ha sido aplastado por la plenitud de Cristo.
De su costado herido brotó sangre y agua, la sangre que redime y el agua que nos purifica.
Este «Dios de la consolación» como lo llama Pablo, nos ha enviado a Jesucristo como el primer consolador de los esposos desolados, y las familias rotas.
La promesa de Cristo es verdadera y nos devuelve la esperanza en la familia, que es el verdadero santuario de la vida, donde ésta puede ser preservada desde su concepción, acogida y protegida hasta su madurez.
Cada familia está llamada a ser pueblo de la vida y para la vida, a trabajar a favor de la vida para renovar la sociedad.
Le confiamos el sueño de vida y amor de cada familia a nuestra familia Común, la trinidad santísima. Donde el Padre, el Hijo y el Espíritu son uno para amarnos y recibir nuestro amor y nuestra alabanza.
A ellos les confiamos nuestros sueños para que se parezcan cada vez más al sueño de amor de Dios para nosotros.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

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