«No nos desanimemos nunca ante los designios de la divina providencia, que, uniendo los gozos a los sufrimientos y haciéndonos pasar en la vida, a cada uno y a las naciones, de las alegrías a las lágrimas, nos conduce a la consecución de nuestro fin último.
Veamos detrás de la mano del hombre que se manifiesta de ese modo, la mano de Dios que se oculta.»

Padre Pío

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