LOS PAPAS Y LA PALABRA

Francisco – Homilía en Santa Marta, 2 de octubre de 2014

Según la tradición de la Iglesia, todos tenemos un ángel que nos acompaña, que vela por nosotros, que nos hace sentir cosas. ¡Cuántas veces hemos oído: «Pero… esto… debería hacer esto, esto no está bien, ¡ten cuidado…»! ¡Tantas veces! Es la voz de nuestro compañero de viaje. (…) Y cuando no queremos escuchar su consejo, cuando no escuchamos su voz, es como decir: «¡Pero, vete!». Ahuyentar a un compañero de viaje es peligroso, porque nadie puede aconsejarse a sí mismo. Puedo aconsejar a otro, pero no a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Para esto, lo necesitamos. No se trata de una doctrina fantasiosa sobre ángeles: no, es la realidad. Lo que Jesús, lo que Dios, dijo: «Envío un ángel delante de ti para que te guarde, para que te acompañe en el camino, para que no te extravíes». (…) “Hoy quisiera preguntar: ¿cómo es mi relación con mi ángel de la guarda? ¿Lo escucho? ¿Le digo buenos días por la mañana? ¿Le digo: ‘Protégeme mientras duermo’? ¿Le hablo? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. Hoy podemos responder a esta pregunta, cada uno de nosotros: ¿cómo es mi relación con este ángel que el Señor envió para protegerme y acompañarme en mi camino, y que siempre ve el rostro del Padre que está en el cielo?”.

Fuente: Vatican News

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Hay heridas que muchas veces permanecen invisibles y que se viven en la más profunda soledad. Quienes atraviesan una enfermedad mental suelen enfrentar, además del propio sufrimiento, el peso del estigma y la indiferencia de quienes miran hacia otro lado. Frente a esta realidad, la Iglesia está llamada a ser casa abierta, comunidad que escucha sin juzgar y que acompaña.