La reflexión del obispo Eduardo García.
Si nuestra evangelización no toca de alguna manera las heridas concretas de la gente, tenemos que preguntarnos qué Buena Noticia estamos anunciando.
Jesús también advierte que habrá incomprensión y rechazo. El discípulo no anuncia para recibir aplausos. La fidelidad al Reino nos pide también no acostumbrarnos a aquello que lastima la vida y la dignidad de las personas.
La palabra cristiana será verdaderamente profética cuando nazca de la compasión y ayude a abrir caminos nuevos, cuando sea capaz de señalar lo que necesita cambiar, pero también de comprometerse para que ese cambio sea posible.
El Reino apremia. Hay demasiadas personas esperando cercanía y esperanza como para permanecer encerrados en nuestras comunidades. La Iglesia es enviada a salir, a llegar a las casas, a los barrios, a quienes se alejaron y también a aquellos que quizás nunca llegarán hasta nosotros.


