En un mundo atravesado por la violencia, la indiferencia, la exclusión y la cultura del descarte, las Bienaventuranzas siguen siendo una palabra profundamente profética.
Nos invitan a resistir la tentación de acomodarnos a los criterios del poder y del éxito, y a optar por el camino del Evangelio. Nos llaman a sembrar misericordia donde hay odio, a construir puentes donde otros levantan muros, a defender la dignidad de los pobres y a denunciar todo aquello que genera sufrimiento, exclusión y muerte.

