El Espíritu Santo, derramado sobre la Iglesia, continúa obrando silenciosamente en el corazón de la humanidad cada vez que nacen gestos de fraternidad, caminos de paz, búsqueda sincera de justicia y compromiso con los más pobres. Allí donde los hombres luchan por una vida más humana, más digna y solidaria, el amor trinitario sigue actuando en la historia.
La unidad querida por Jesús es la cumbre del Evangelio y la gran esperanza del mundo. Cristo nos invita a ser signos vivos de esa comunión nueva, mostrando que el amor de Dios es más fuerte que el odio, que el perdón puede vencer la violencia y que todavía es posible construir una humanidad reconciliada desde el Evangelio.

