La fe es una luz para caminar, no para quedarnos quietos. Nos guía para avanzar con confianza, aunque no siempre con claridad total. Nos impulsa a seguir buscando, día tras día, año tras año, en este camino largo y a veces difícil que es la vida, un camino marcado por el deseo de conocer más a Dios y de amar mejor
Hoy la Iglesia está llamada a ser Epifanía de Cristo en medio del mundo. Como comunidad y como creyentes, somos epifanía cuando nuestras palabras y nuestras obras se vuelven signos de comunión, de paz, de justicia y de liberación. Somos epifanía cuando abrimos caminos nuevos, cuando orientamos, cuando animamos procesos de vida según el querer de Dios, un querer que no excluye a nadie.


