«La injusticia es la raíz perversa de la pobreza», dijo Francisco- «El grito de los pobres se hace cada día más fuerte, pero cada día es menos escuchado, acallado por el estruendo de pocos ricos, que son cada vez menos y cada vez más ricos». <Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo se permanece con los brazos caídos o bien se abren los brazos, impotentes frente a la oscura fuerza del mal»… «Pero el cristiano no puede quedarse de brazos caídos, indiferente, o con los brazos abiertos, fatalista, no. El creyente tiende la mano, como hace Jesús con él». (18-11-18)


