Hoy León XIV visita la Universidad de La Sapienza, la más antigua de Roma, y en su discurso a toda la comunidad educativa reinstala la necesidad de una alianza para trabajar por la paz, por la justicia, por la concordia entre los pueblos y por el cuidado de la tierra. Algunas citas que nos comprometen a todos a esa tarea.
“Lo que está ocurriendo en Ucrania, en Gaza y en los territorios palestinos, en Líbano, en Irán, describe la evolución inhumana de la relación entre guerra y nuevas tecnologías en una espiral de aniquilación. El estudio, la investigación, las inversiones vayan en la dirección opuesta: ¡sean un radical “sí” a la vida! ¡Sí a la vida inocente, sí a la vida joven, sí a la vida de los pueblos que invocan paz y justicia!”
“La simplificación que construye enemigos debe entonces corregirse, especialmente en la universidad, mediante el cuidado por la complejidad y el sabio ejercicio de la memoria. En particular, no debe olvidarse el drama del siglo XX. El grito “¡nunca más la guerra!” de mis predecesores, tan acorde con el rechazo de la guerra sancionado en la Constitución Italiana, nos impulsa a una alianza espiritual con el sentido de justicia que habita en el corazón de los jóvenes, con su vocación de no encerrarse entre ideologías y fronteras nacionales.”
“No se llame “defensa” a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad, empobrece las inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia, enriquece a élites a las que nada les importa el bien común.”
“Hoy esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y de la presión del rendimiento. Es la mentira invasiva de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números, exacerba la competitividad y nos abandona a espirales de ansiedad. Precisamente este malestar espiritual de muchos jóvenes nos recuerda que no somos la suma de lo que tenemos, ni una materia ensamblada al azar en un cosmos mudo. ¡Somos un deseo, no un algoritmo!”
“¡Estudien, cultiven, custodien la justicia! Junto conmigo y con tantos hermanos y hermanas, sean artesanos de la verdadera paz: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, trabajando por la concordia entre los pueblos y por el cuidado de la Tierra.”
“Enseñar es una forma de caridad, tanto como debe serlo socorrer a un migrante en el mar, a un pobre en la calle o a una conciencia desesperada. Se trata de amar siempre y en cualquier circunstancia la vida humana, de valorar sus posibilidades, de modo que se pueda hablar al corazón de los jóvenes, sin apuntar solo a sus conocimientos. Enseñar se convierte entonces en testimoniar valores con la vida: es cuidado por la realidad, es sentido de acogida hacia aquello que todavía no se comprende, es decir la verdad. ¿Qué sentido tendría, por otra parte, formar a un investigador o profesional que no cultive su propia conciencia, el sentido de la justicia y el respeto por aquello que no se puede ni se debe dominar? El saber, de hecho, no sirve solo para alcanzar fines laborales, sino para discernir quién se es. A través de las clases, las prácticas, la interacción con la ciudad, las tesis y los doctorados, cada estudiante puede siempre encontrar nuevas motivaciones, poniendo orden entre estudio y vida, entre instrumentos y fines.”
