SAN ALBERTO HURTADO, SACERDOTE JESUITA

El Padre Alberto Hurtado es uno de los personajes más importantes de la Iglesia Católica contemporánea en Chile. Su profunda fe, su atractiva personalidad, su capacidad de captar el cambio ideológico y cultural de su tiempo y la vehemencia con la que desempeñó sus diversas obras, hicieron de él una figura de gran influencia, cuyo legado sigue vigente.

Nació en Viña del Mar el 22 de enero de 1901, en el seno de una familia aristocrática empobrecida. La temprana viudez de su madre lo encaminó a trabajar y estudiar leyes. Sin embargo, a pocos días de recibirse de abogado, siguió su verdadera vocación ingresando a la Compañía de Jesús.

En 1936 regresó a Chile, tras su formación en Europa, y se dedicó por entero a la tarea de acercar la Iglesia a la juventud y a los más pobres. Tras hacer su apostolado en el Colegio San Ignacio, fue designado Asesor Arquidiocesano de la Juventud Católica. Su personalidad apasionada y carismática lo convirtió en un modelo para los jóvenes de la época, quienes engrosaron notablemente las filas del movimiento bajo su influencia.

Pese a ser de ideas más bien conservadoras, tenía un gran compromiso con la justicia social. Le preocupaban las condiciones de vida de la clase obrera y apostó a la sindicalización como vía para superar las desigualdades e implantar un orden social cristiano. Su preocupación por los trabajadores fue derivando en una preocupación por los más pobres. “Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella es deber sagrado”, decía. A esto abocó su energía recorriendo las calles con su camioneta verde, recogiendo niños, adultos y ancianos indigentes y dando origen a una de sus mayores obras: El Hogar de Cristo.

Murió en 1952 producto de un cáncer de páncreas. En 1994 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II y once años después, el 23 de octubre de 2005, fue declarado Santo de la Iglesia Católica por el Papa Benedicto XVI.

MENSAJES DEL PAPA LEÓN


@Pontifex_es

11/1: En Ucrania, nuevos ataques, particularmente graves, dirigidos sobre todo contra infraestructuras energéticas, precisamente cuando el frío se vuelve más intenso, golpean duramente a la población civil. Rezo por quienes sufren y renuevo el llamamiento a cesar las violencias y a intensificar los esfuerzos para llegar a la paz.

11/1: Mi pensamiento se dirige a lo que está sucediendo en estos días en Oriente Medio, en particular en Irán y en Siria, donde tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas. Espero y rezo para que se cultiven con paciencia el diálogo y la paz, buscando el bien común de toda la sociedad.

11/1: En su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. Viene, en efecto, para salvar y no para condenar. Carga sobre sí lo que es nuestro, incluido el pecado, y nos da lo que es suyo, es decir, la gracia de una vida nueva y eterna.

11/1: Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad.

11/1: Como luz en las tinieblas, el Señor se deja encontrar allí donde no lo esperamos: es el Santo entre los pecadores, que quiere habitar en medio de nosotros sin mantener distancias, sino asumiendo plenamente todo lo que es humano.

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE ESTE FIN DE SEMANA

REFLEXIONES VARIAS

Obispo Jorge García Cuerva – 4 de enero de 2026

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INTENCIONES DEL PAPA

En esta primera intención de oración del año, el Papa León XIV nos invita a redescubrir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, Palabra donde “encontramos la luz que guía nuestros pasos”.