Hay enfermedades y condiciones muy graves que, sin llevar a la muerte, se extienden en el tiempo porque son incurables. Esto se vuelve especialmente dramático para quienes están recién comenzando su vida: los niños, y para todo su entorno familiar.
El Papa León, en su intención de oración para febrero, nos invita a rezar para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza.
En la oración de este mes, el Santo Padre nos llama a reconocer que, en los niños que sufren enfermedades incurables, «sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino».
Señor Jesús, que acogías a los pequeños en tus brazos y los bendecías con ternura,
hoy te presentamos a los niños que viven con enfermedades incurables.
Sus cuerpos frágiles son signo de tu presencia,
y sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino.
Te pedimos, Señor, que nunca les falte atención médica adecuada,
el cuidado humano y cercano,
y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor.
Sostén a sus familias en la esperanza, en medio del cansancio y la incertidumbre,
y haz de ellas testigos de una fe que se fortalece en la prueba. Bendice las manos de médicos, enfermeros y cuidadores, para que su trabajo sea siempre expresión de compasión activa.
Que tu Espíritu los ilumine en cada decisión difícil,
y les conceda paciencia y ternura para servir con dignidad.
Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre.
Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión,
y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad.
Haz de nosotros una Iglesia que, animada por los sentimientos de tu corazón,
y movida por la oración y el servicio,
sepa sostener la fragilidad,
y que en medio del dolor sea fuente de consuelo,
semilla de esperanza
y anuncio de vida nueva.
Amén.


