Levantar la mirada al Crucificado es signo de un corazón arrepentido, que busca volver a Dios por el camino de la fe, del dolor, del perdón y del cambio de vida. Es el camino hacia una vida nueva, marcada por el amor.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 21-30
«El Crucifijo no es un ornamento, no es una obra de arte, con muchas piedras preciosas, como las que se ven: el Crucifijo es el misterio de la “aniquilación” de Dios, por amor». Papa Francisco
CUANDO CAEN LAS PIEDRAS
Un video del Grupo Comunicación Loyola que reflexiona sobre el pasaje de la mujer perdonada.
EL AMOR NECESITA PRESENCIA
El signo de una presencia en el tiempo de la realidad virtual. La participación de Francisco en el Jubileo de los enfermos
EL PAPA FRANCISCO SALUDÓ A LOS PEREGRINOS
El Papa sorprendió a veinte mil peregrinos al llegar a la Plaza de San Pedro para dar la bendición final junto al el arzobispo Fisichella y pronunciar un breve saludo ante los presentes: “¡Feliz domingo a todos, muchas gracias!
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesús no busca imponerse por la fuerza o por signos extraordinarios, sino proponer una transformación basada en la justicia y la misericordia.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 12-20
o tengamos miedo del Señor: es muy bueno, es manso, está cerca de nosotros. Vino a salvarnos. No tengamos miedo de la luz de Jesús.
CONFIEMOS NUESTRO DOLOR A JESÚS
Desde primeras horas del día, largas procesiones desde la Piazza Pia hasta la Puerta Santa de la Basílica Vaticana. Los protagonistas son los 20 mil peregrinos del Jubileo de los enfermos y del mundo de la salud. Mucha gente en sillas de ruedas, voluntarios y personal sanitario. En los corazones de los fieles, oraciones por la paz en el mundo y la curación completa de Francisco.
Compartimos la homilía del Papa Francisco:
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
La forma en que actúa Jesús, dejando de lado la justicia fría de la Ley, es una invitación a reconocer nuestro propio pecado y a superar los límites de la justicia humana, para encontrar la salvación en la misericordia de Dios. Él no vino a juzgar, sino a salvar.


