La reflexión del obispo Eduardo García.
El proyecto de Jesús es una comunidad de hermanos donde nadie tenga que crecer a costa de los demás y donde la dignidad de cada persona sea respetada. Por eso, poner a Dios en el centro necesariamente cambia nuestra relación con las cosas y con los hermanos.
Jesús no viene simplemente a repartir una herencia. Viene a enseñarnos otra manera de vivir y de compartirla. Viene a encender el fuego de un amor nuevo, capaz de transformar nuestras relaciones desde una justicia diferente.
Porque al final, la pregunta del Evangelio no es solamente cuánto tenemos, sino algo mucho más profundo:
¿Para quién estamos viviendo?


