La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesús comienza a hablar de rechazo, sufrimiento y cruz. No porque Dios quiera el sufrimiento, sino porque vivir hasta el final según los valores del Reino inevitablemente entra en conflicto con aquello que destruye, oprime y descarta la vida.
Jesús no busca el fracaso. Busca ser fiel. Y esa fidelidad puede tener un precio.
También nosotros podemos construir un Jesús según nuestras expectativas: un Jesús que confirme nuestras ideas, bendiga nuestras seguridades y no cuestione demasiado nuestra manera de vivir.
Pero el Jesús del Evangelio siempre termina desinstalándonos.
Seguirlo significa aceptar que el Evangelio cambie nuestros criterios de éxito, poder y eficacia.


