La respuesta de Jesús va mucho más allá de una cuestión económica. Él se sabe Hijo y, como tal, es libre. Si el templo es la casa de su Padre, el Hijo no debería pagar impuesto. Sin embargo, para no provocar un conflicto innecesario, decide pagarlo y le pide a Pedro que lo haga a través de su propio oficio de pescador.
Jesús nos muestra así una libertad profundamente distinta. Es libre, pero no necesita demostrarlo enfrentándose con todos. No confunde libertad con rebeldía ni fidelidad con sometimiento. Sabe quién es, sabe de dónde viene y sabe para qué vive.



