ORANDO CON LA PALABRA

Debemos cuidarnos de una tentación muy sutil: dedicar más tiempo a arrancar la cizaña ajena que a cultivar el trigo de nuestra propia vida. El Reino no crece juzgando a los demás, sino dejando que el Evangelio transforme nuestro corazón.

Mientras caminamos por este mundo, el bien y el mal seguirán entrelazados. Nuestra misión no es resignarnos ni vivir obsesionados con el mal, sino sembrar con perseverancia el bien: justicia donde hay abuso, verdad donde reina la mentira, perdón donde hay odio y esperanza donde parece imponerse el desaliento.

El mayor peligro no siempre está fuera, sino dentro de nosotros. La autosuficiencia endurece el corazón, el orgullo apaga la vigilancia y el maligno encuentra espacio cuando dejamos de convertirnos. El verdadero discípulo no pierde el tiempo comparándose con los demás: cada día deja que Cristo arranque la cizaña de su corazón y haga crecer el buen trigo de su Reino.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.