El misterio del Corazón de Jesús no tiene nada que ver con imágenes dulzonas o con una religiosidad reducida a prácticas casi mágicas. La verdadera devoción al Corazón de Jesús consiste en descubrir cuánto nos ama Dios y dejar que ese amor transforme nuestra vida.
El Corazón de Jesús nos lleva al centro mismo de la vida cristiana. Todo comienza y termina en el amor. Ser discípulo es creer en el amor de Dios por nosotros y responder a ese amor con nuestra propia vida. Y esa respuesta tiene una consecuencia inevitable: aprender a amarnos unos a otros.

