Jesús concluye: «Que brille así la luz de ustedes delante de los hombres». No se trata de buscar reconocimiento ni aplausos, sino de transparentar la presencia de Dios. Cuando los cristianos se comprometen con la verdad, defienden la dignidad de los pobres, trabajan por la paz, acompañan a los que sufren, construyen fraternidad y mantienen viva la esperanza en medio de las dificultades, la luz del Evangelio resplandece.
Somos sal cuando damos sabor evangélico a la historia. Somos luz cuando nuestras obras reflejan la misericordia de Dios. Somos lámpara encendida cuando hacemos realidad las bienaventuranzas y abrimos caminos de justicia, de verdad, de amor.

