La respuesta de Jesús sigue siendo profundamente actual. También hoy existen muchos “césares” que buscan adueñarse del corazón humano: el dinero, el éxito, el poder, el consumo, la imagen personal o la búsqueda obsesiva del bienestar. Sin darnos cuenta podemos terminar entregándoles lo que sólo pertenece a Dios.
Por eso el Evangelio nos invita a revisar dónde está puesto nuestro corazón. La moneda lleva la imagen del César; nosotros llevamos la imagen de Dios. Nuestra vida, nuestra dignidad, nuestra conciencia y nuestra vocación más profunda no pertenecen a ningún poder de este mundo, sino únicamente al Señor.

