Aceptar la luz de Cristo significa comenzar un modo nuevo de vivir. Significa caminar en la verdad, luchar por la justicia, elegir la bondad, dejar atrás las obras estériles de las tinieblas y aprender a mirar a los demás con los ojos del Evangelio.
Cada vez que dejamos que Jesús toque nuestras cegueras, algo nuevo comienza en nosotros. Dejamos de estar sentados al borde del camino y nos convertimos en discípulos capaces de seguirlo, incluso en las subidas difíciles de la vida, porque sabemos que su luz siempre conduce a la verdadera libertad.

