Creer en Él no es solo decir una verdad: es dejar que su vida transforme la nuestra. Es animarse a soltar las redes viejas y reconocer que sin Él no podemos nada, pero con Él todo puede renovarse.
De ahí nace una fuerza que no viene de nosotros: una libertad que no depende de lo que pasa, un amor que no se detiene ante la cruz, una esperanza que no se apaga aunque la noche sea larga.
Cuando Cristo entra de verdad en la vida, ya no alcanza con vivir en lo superficial. Ya no se puede seguir igual ni conformarse con una fe tibia.
La Pascua nos levanta, nos despierta y nos envía.
Entonces la pregunta cambia: no es si las redes están vacías, sino si estamos dispuestos a escucharlo, a confiar en su palabra y a dar el paso hacia Él, que sigue haciendo nuevas todas las cosas.

