ORANDO CON LA PALABRA

Ahí está el corazón de la fe: dejarnos llamar por nuestro nombre, descubrir que no creemos en algo, sino en Alguien que nos conoce, que nos busca y nos sale al encuentro en medio de nuestras lágrimas. María deja de mirar el sepulcro, deja el pasado, y se le abre un horizonte nuevo: la vida que empieza.

Pero cuando lo reconoce, quiere retenerlo, aferrarse, como queriendo que nada cambie más. Y Jesús le dice: “No me retengas”, porque la fe no es poseer a Jesús, sino seguirlo; no es encerrarlo en nuestras seguridades, sino dejarnos enviar. El Resucitado no se deja atrapar: se recibe, se cree, se anuncia.

Por eso María pasa del llanto a la misión, de buscar a un muerto a anunciar a un Viviente, y se convierte en la primera mensajera, la apóstol de los apóstoles. Y ahí aparece una clave fuerte para nosotros: la fe verdadera siempre se vuelve anuncio. Si realmente nos encontramos con Jesús, no lo podemos guardar para nosotros.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.