La Cuaresma es una invitación a vivir como Jesús: a poner en el centro el amor a Dios y el amor a los hermanos, y a combatir todo lo que en nosotros y en nuestra sociedad impide ese amor. Las tentaciones no se buscan; llegan solas. Y el combate es permanente.
La gran tentación sigue siendo la misma: “serás como Dios”. Pero el único modo de ser como Dios es recorrer el camino de Jesús: vencer el orgullo con humildad, el poder con servicio, la violencia con misericordia. Arrodillarse para lavar los pies de los hermanos. Esa es la verdadera grandeza. Esa es la conversión a la que nos llama la Cuaresma.

