Hoy la ceniza sobre nuestra cabeza es un gesto fuerte. Nos recuerda que somos frágiles. Que somos pecadores. Que solos no podemos.
Pero la ceniza no es la última palabra. La última palabra es esta: “Conviértete y cree en el Evangelio”.
Es una buena noticia. No es amenaza, es invitación.
La Cuaresma es tiempo para volver a hacer nuestras las palabras y los gestos de Jesús. Para vivir con más confianza, más esperanza, más generosidad. Para darle a la vida un sentido que no dependa de lo que pasa, sino de en quién confiamos.
Es tiempo de despertar. Tiempo de reconstruir la historia con Dios en el centro. El Reino no es una idea lejana. Es una tarea concreta. Es dejar que el Espíritu nos mueva y ponernos manos a la obra para que, en medio del mundo, algo del corazón de Dios se haga visible.
La Cuaresma es volver a empezar. Y empezar en serio.


