Este riesgo no es solo de los fariseos. También puede ser el defecto de muchas personas religiosas, bien intencionadas, que buscan la perfección, pero confunden santidad con corrección exterior. Cuando las actitudes interiores no acompañan, los gestos piadosos se vacían de sentido.
Jesús nos recuerda que la fuente del Reino de Dios está dentro del ser humano: en su corazón, en su conciencia, en su opción fundamental. Nada externo puede pervertir a quien ha decidido vivir desde el Evangelio. Puede haber cansancio, miedo, errores; pero si el corazón está orientado al Reino, seguirá marcando el rumbo.
Jesús mismo es el ejemplo más claro. Su corazón está totalmente comprometido con el proyecto de Dios. Por eso puede caminar entre todos, dialogar con cualquiera, entrar en realidades complejas sin contaminarse. Todo lo que vive pasa por el filtro de su corazón y se transforma en sabiduría, misericordia y encuentro con Dios.


