Esta novedad del Reino rompe esquemas, desarma seguridades y nos invita a una mirada más amplia, más libre y más comprometida de la vida. Nos llama a salir de una fe reducida a lo familiar o a lo conocido, para entrar en una fe que se juega en decisiones concretas y en una fraternidad abierta.
María, en este camino, fue la mejor discípula. Ella nos señala el rumbo de la vida cristiana: escuchar la Palabra, guardarla en el corazón y ponerla en práctica, incluso cuando eso nos lleve por caminos inesperados. Su vida nos recuerda que seguir a Jesús no siempre es cómodo, pero siempre es fecundo.


