Marcos también nos recuerda que siguen existiendo los “leprosos” de nuestra sociedad: personas a las que marginamos, descartamos o ignoramos; aquellos a quienes no queremos tocar, ni escuchar, ni mirar. Los dejamos solos con su dolor. Frente a esto, el gesto de Jesús es una denuncia profética y una llamada urgente. Él manifestó su amor por los pobres, los enfermos, los pequeños y los pecadores. Nunca fue indiferente al sufrimiento humano.
La señal de que su salvación nos ha alcanzado es clara: que aprendamos a compartir, en la caridad, las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres. Así, con gestos concretos de cercanía y misericordia, mostramos al mundo el camino de la verdadera salvación.


