Solo una experiencia viva de Dios nos convierte en verdaderos testigos del Evangelio. No podemos encerrar la fe dentro de los templos ni reducirla al ámbito privado. La Iglesia ha sido enviada como puente de salvación, para manifestar el amor de Dios a todos, sin excepción.
No nos conformemos con trabajar solo con quienes ya están. No nos engañemos pensando que eso basta. Dios quiere que su salvación alcance a todos y llegue hasta el último rincón de la tierra.


