Hoy, el Resucitado sigue saliendo a nuestro encuentro. Se acerca a nuestras debilidades, a nuestros pecados, a nuestras esclavitudes. Su palabra sigue siendo nueva y su gracia sigue siendo poderosa.Hoy, el Resucitado sigue saliendo a nuestro encuentro. Se acerca a nuestras debilidades, a nuestros pecados, a nuestras esclavitudes. Su palabra sigue siendo nueva y su gracia sigue siendo poderosa. Como en los caminos de Galilea, sigue sanando, liberando y levantando.
Pero también nos envía. Nos libera para que, con una solidaridad compasiva y concreta, otros —los débiles, los heridos, los pecadores, los descartados— puedan experimentar en su propia vida la obra de Cristo. Su palabra viva no solo nos enseña: nos transforma. Nos sana por dentro y nos va modelando, como el alfarero al barro, hasta darnos un corazón semejante al suyo.


