El amor es entrega. Dios entrega a su Hijo; Cristo se entrega en la cruz y renueva esa entrega en cada Eucaristía. El pan que Jesús multiplica hoy es su Cuerpo y su Sangre. Él conoce el cansancio del camino, el hambre y la sed que atraviesan nuestra vida. Por eso quiso quedarse como alimento.
El pan solo se multiplica cuando se multiplica el amor. La Eucaristía es llamada y fuerza para una solidaridad concreta, para una comunión sin distinciones con los hermanos. Por eso será siempre expresión del amor compasivo de Dios por su pueblo.
Y en la medida en que la mesa de Cristo sea para nosotros una verdadera experiencia de amor, en esa misma medida conoceremos al Dios que se nos revela en su Hijo.


