Celebramos la Encarnación de Dios en nuestra historia, y esto nos llena de alegría y de confianza al comenzar un nuevo año. El Dios-con-nosotros sigue siendo el fundamento de nuestra fe y nos invita a acogerlo en nuestra vida personal y comunitaria. Este es el misterio de la Navidad: descubrir que la salvación ya está en medio de nosotros y aprender a reconocerla.
Si la experiencia de su presencia, celebrada en estos días, permanece viva en nuestro interior, tal vez no veamos milagros a cada instante, pero cambiará la mirada con la que enfrentamos la vida. Entonces podremos reconocer al Señor que sale a nuestro encuentro cada día, en lo ordinario, en los días luminosos y también en los grises, para darnos ánimo y sentido.


