La Navidad es luz y gracia, pero también es examen de vida a la luz de Dios. Al cerrar el año necesitamos sabiduría para que nuestra historia personal y comunitaria no se aparte de Cristo, que no es solo el Niño nacido en Belén, sino la Palabra eterna, la Verdad que libera y la Vida que salva.
Quienes hemos visto su gloria y lo hemos acogido en nuestra vida sentimos hoy una llamada a un seguimiento más generoso y más decidido. Es tiempo de detenernos y preguntarnos con sinceridad: si nos hemos dejado transformar por la Buena Noticia del amor de Dios, si hemos caminado a la luz de Cristo, si hemos permanecido fieles a su Palabra, o si necesitamos rectificar el rumbo para volver a Él, que es el principio y el fin de nuestra historia.

